DÍA 9
Cuando salimos de Sidney hacia el sur, viendo lo que había, temí
que toda la costa fuera un continuo urbano estilo mediterráneo. Por
suerte Australia es enorme, y con tan poca población las
localidades se espacian entre sí considerablemente. A juzgar por lo
que se ve desde el satélite, intuyo que en toda esta zona la costa
es chulísima, pero nosotros debemos continuar viaje.
Ponga un canguro en su vida |
Esta mañana, lo primero que hago es darme una vuelta por el cámping
en busca de canguros, y no me veo decepcionado. Vienen porque buscan
las zonas de hierba, y como no les molestan mejor que mejor. Lo peor
es que hay gente que se empeña darles de comer, y al ingerir
alimentos tan ajenos a su dieta habitual, pues enferman. Una canguro
con cría en el marsupio se me acerca lo bastante como para dar a
entender que está acostumbrada a pedir comida. Tiene los ojos
inflamados y llenos de legañas, lo que no es una prueba de mi
hipótesis anterior, pero sí un sólido indicio.
Cerca de nuestra parcela hay un punto de vaciado, pero hay unas obras al lado con zanja incluida. Según el plano el cámping cuenta con otro, en la zona de los bungalows. Llevamos la auto hasta allí, y nos encontramos con otro problema: la arqueta la han construido tan elevada que las aguas grises no bajan por la manguera, así no nos queda otra que vaciar en tierra y originar un considerable charco. Nos largamos antes de que venga alguien a pedir explicaciones.
Volvemos a la sempiterna A1, y 15 kilómetros después nos desviamos
por una pista de tierra hasta el párking del Pinnacles loop
walking track. Hay dos miradores a lo largo de este sendero
suavemente ondulado que son lugares ideales para ver los Pinnacles,
formación geológica consistente en acantilados de arena blanca
cubiertos por una capa de arcilla roja. Se originó hace 65 millones
de años, durante el Terciario. La vista no puede ser más
espectacular. Como estamos absolutamente solos, ahora sí que saco el
dron con las baterías a tope y me desahogo.
The Pinnacles |
¿Habéis visto? Ni una casa |
De vuelta a la auto nos encontramos con algo sorprendente: termiteros de más de un metro de altura. Ayer ya los vimos desde la carretera, pero es la primera vez que estoy tan cerca de uno. Me acerco a uno de ellos para examinarlo. En la superficie no se aprecia signo alguno de actividad, pero renuncio a seguir indagando no sea que la cosa acabe como una versión australiana de Cuando ruge la marabunta.
Termitero |
10 kilómetros después, breve escala en el pueblo de Eden para reponer provisiones y gasoil. El súper cuenta con párking descubierto, pero para acceder a él hay que bajar una rampa, y nos da miedo de acabar en una ratonera, de modo que otra vez aparcamos en la calle. Como de costumbre, hay carteles indicadores de estacionamiento de pago, pero una mujer mayor que carga la compra en su coche me dice por señas que no les haga mucho caso. Después de la compra me toca ir a la licorería a por cerveza, algo a lo que, después de los veranos anteriores. ya estamos acostumbrados.
A partir de aquí la carretera se separa de la costa e iniciamos un trayecto de más de cien kilómetros solitario y lleno de curvas hasta Cann River. Los eucaliptos nos acompañan en todo momento. Resulta curioso, porque se supone que estamos en la zona más afectada por los grandes incendios de 2019, y prácticamente no hemos encontrado indicios de devastación por el fuego. Una de dos: o el bosque original se recupera muy rápido o es que este país es tan grande que la posibilidad de cruzar las zonas quemadas es remota.
Así las cosas, pasamos junto al cartel que anuncia la salida del estado de Nueva Gales del Sur y la entrada al de Victoria. De paso, la carretera mejora ostensiblemente.
Atravesamos Cann River y el río que le da nombre, buscando un área
de descanso para comer. Solo que la sobredicha área en realidad es
un cámping con todos los servicios.. pero sin nadie para cobrar.
Pienso que tal vez esto se deba a encontrarnos en temporada baja.
Pero un cartel desmiente mis suposiciones: la instalación pertenece
al Ayuntamiento, es gratis todo el año, y a cambio te piden
encarecidamente que la cuides, algo que, a juzgar por las evidencias,
la gente hace. De nuevo la comparación con el lugar de donde venimos
es dolorosa e hiriente.
Área de acampada libre en Cann River |
Tras comer, descansar y rellenar agua seguimos camino. 130 kilómetros
más y estamos en Lakes Entrance, una localidad que parece sacada de Florida, por lo turístico.
Aquí se inicia una lengua de arena que corre paralela a la costa
durante más de 80 kilómetros y que alberga un pequeño mar interior
salpicado de islas, ideal para la navegación relajada, de ahí los
puertos deportivos esparcidos por doquier. Por cierto, hace un rato
que hemos cumplido los primeros 1.000 kilómetros de viaje.
Lakes Entrance |
Lakes Entrance desde el aire |
Ya que nos vemos obligados a pernoctar en cámpings buscamos los mejor valorados, en este caso el Woodbine Tourist Park, ocupado por viviendas turísticas en un ochenta por ciento y solo una simbólica manzana destinada a caravanas y autocaravanas. Por las fechas en las que estamos, la mayoría de sus ocupantes son gente jubilada.
Queda apenas una hora de luz, así que salimos corriendo, que el
atardecer promete. Para llegar a la costa tenemos que atravesar dos
amplias calles, y nos sorprende la práctica inexistencia de
semáforos o pasos de peatones (¿cómo narices cruza esta gente?)
Luego franqueamos el canal mediante una larga pasarela peatonal y ya
estamos en la barra. Al otro lado, en la puerta de un bar cerrado, un
grupo de teenagers parece muy interesado en nosotros, como
buscando intimidarnos, pero mostramos una actitud firme y nos dejan
en paz.
Puesta de sol en Lakes Entrance |
Tras asistir a un apabullante juego de luces y ocres, regresamos a la auto. Todavía de camino nos topamos con otro par de adolescentes. Como la acera no es muy ancha y no muestran intención alguna de apartarse, somos nosotros quienes tenemos que cederles el paso. En todas partes cuecen habas.
Distancia parcial: 269 km.
Distancia total: 1.025 km.
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